¿A qué temperatura ajustar el termostato en invierno para ahorrar sin renunciar al confort?
Regular adecuadamente el termostato durante los meses de invierno constituye una de las decisiones más determinantes en el consumo energético del hogar y, por extensión, en el importe final de la factura de luz o gas. No obstante, existe una gran cantidad de información simplificada —e incluso contradictoria— sobre cuál es la temperatura óptima o sobre si resulta más eficiente apagar la calefacción o mantenerla encendida de forma continua.
Desde CYE Energía, como comercializadora comprometida con la eficiencia y el uso responsable de la energía, ofrecemos una explicación detallada sobre cuál es la temperatura realmente recomendable y qué estrategia resulta más adecuada según el tipo de vivienda. El objetivo es alcanzar un equilibrio óptimo entre confort térmico, eficiencia y ahorro.
Temperatura ideal del termostato en invierno
Ajustar correctamente la temperatura del termostato es esencial no solo para garantizar el confort térmico, sino también para maximizar la eficiencia energética y reducir los costes asociados a la calefacción. A continuación se detallan las recomendaciones para distintos momentos del día y situaciones habituales, con el fin de lograr un equilibrio adecuado entre bienestar y consumo responsable:
Durante el día (cuando la vivienda esté habitada): 19–21 °C
Este rango proporciona un nivel de confort adecuado para las actividades diurnas sin incurrir en un consumo excesivo. Mantener la temperatura estable dentro de estos valores evita picos de demanda energética derivados de intentar calentar la vivienda rápidamente desde temperaturas muy bajas. Es aconsejable programar el termostato para que alcance la temperatura deseada justo antes de levantarse o de regresar al hogar.
Durante la noche (al dormir): 16–18 °C
Una temperatura ligeramente inferior favorece la calidad del sueño y resulta más saludable. Al estar cubierto por la ropa de cama, se requiere menos calefacción ambiental. Reducir unos grados durante estas horas permite un ahorro energético significativo sin comprometer el bienestar.
Ausencias breves (2–4 horas): 15–17 °C
En ausencias cortas no resulta eficiente apagar completamente la calefacción, ya que el gasto energético necesario para recuperar la temperatura de confort puede ser mayor que el ahorro obtenido. Mantener una temperatura de mantenimiento evita descensos bruscos y facilita el retorno al confort con un consumo reducido.
Ausencias prolongadas (más de 24 horas): apagar o ajustar a 12–14 °C
Si la vivienda va a permanecer desocupada durante más de un día, apagar la calefacción supone un ahorro considerable. En zonas con riesgo de heladas o temperaturas exteriores muy bajas, es recomendable activar el modo antihielo (12–14 °C) para evitar daños en tuberías o en el circuito de calefacción, como roturas o congelaciones que podrían derivar en averías graves.
Mantener el termostato dentro de estos rangos puede reducir el consumo energético entre un 6 % y un 8 % por cada grado que se disminuya.
Por qué cada grado adicional incrementa el consumo
La diferencia entre la temperatura fijada en el termostato y la temperatura real del ambiente es un factor determinante en la eficiencia del sistema de calefacción. Cuanto mayor sea esta diferencia, mayor será el esfuerzo del sistema (caldera, bomba de calor, aire acondicionado en modo calefacción, etc.) para alcanzar y mantener la temperatura deseada.
Una diferencia elevada acelera la pérdida de calor hacia el exterior, especialmente en viviendas con aislamiento deficiente. El calor se transfiere más rápidamente a través de paredes, ventanas, techos y puntos de ventilación, lo que obliga al sistema a trabajar de forma continua para compensar estas pérdidas. Este funcionamiento prolongado incrementa directamente el consumo energético y, por tanto, el coste.
Para mejorar la eficiencia se recomienda:
- Establecer la temperatura de consigna de forma gradual.
- Evitar cambios bruscos (por ejemplo, no permitir que la vivienda se enfríe en exceso por la noche para luego intentar calentarla rápidamente).
- Mejorar el aislamiento para reducir las pérdidas térmicas.

¿Apagar la calefacción o bajarla? Una duda habitual en muchos hogares
Esta es una de las cuestiones más frecuentes y también una de las que genera mayor confusión.
La afirmación de que “encender y apagar consume más” no siempre es correcta. La opción más eficiente depende del nivel de aislamiento de la vivienda:
- Viviendas bien aisladas: mantener una temperatura estable puede ser eficiente, ya que la pérdida de calor es lenta. En estos casos, conviene reducir unos grados en lugar de apagar completamente.
- Viviendas mal aisladas: el calor se pierde rápidamente, por lo que mantener la calefacción encendida sin necesidad supone un desperdicio energético. En estas viviendas es más eficiente apagar o reducir drásticamente la temperatura.
No existe una fórmula universal. El consumo depende del tiempo total de funcionamiento del sistema, no del número de encendidos. Lo adecuado es ajustar la calefacción al uso real y al nivel de aislamiento, evitando decisiones basadas únicamente en hábitos o creencias extendidas.
Errores comunes que incrementan la factura en invierno
Para mantener una temperatura confortable sin disparar el consumo, conviene evitar prácticas habituales que reducen la eficiencia del sistema:
- Subir el termostato para “calentar más rápido”: los sistemas de calefacción no calientan más deprisa por fijar una temperatura más alta; solo generan sobrecalentamiento y mayor gasto.
- Mantener temperaturas excesivas (22–24 °C): por cada grado adicional, el consumo puede aumentar entre un 7 % y un 10 %.
- No utilizar la programación del termostato: desaprovecha una herramienta clave para adaptar la calefacción a los horarios reales de uso.
- Ventilar durante demasiado tiempo: basta con 5–10 minutos de ventilación cruzada para renovar el aire sin enfriar la vivienda.
- Cubrir radiadores o colocar muebles delante: reduce la difusión del calor y obliga al sistema a trabajar más.
- Mantener temperaturas superiores a 21–22 °C: además de incrementar el consumo, puede generar sequedad ambiental y molestias respiratorias.
¿Cómo ahorrar sin pasar frío?
Para optimizar la eficiencia y el confort térmico, se recomienda aplicar estas estrategias de forma conjunta:
- Control inteligente de la temperatura: programar el termostato con distintos niveles según horarios y ocupación.
- Aprovechar la radiación solar: abrir persianas durante el día y cerrarlas por la noche para reducir pérdidas de calor.
- Mejorar el aislamiento de ventanas y puertas: sellar rendijas y considerar doble acristalamiento en viviendas con aislamiento deficiente.
- Ventilar de forma breve y estratégica: 10 minutos son suficientes para renovar el aire sin enfriar la vivienda.
- Vestir adecuadamente en casa: permite mantener el termostato en valores más eficientes sin perder confort.
En CYE Energía promovemos un uso responsable de la energía que permita ahorrar sin renunciar al bienestar.
Preguntas Frecuentes sobre Calefacción y Ahorro
¿Cuál es la temperatura ideal para la calefacción en invierno?
Para lograr un equilibrio entre confort y ahorro, se recomienda mantener la vivienda entre 20°C y 21°C durante el día. Cada grado adicional puede incrementar el consumo energético significativamente.
¿A qué temperatura debo dejar la calefacción por la noche?
Por la noche, o cuando se está durmiendo, lo ideal es bajar la temperatura a unos 15°C – 17°C. Mantenerla más alta no es necesario con ropa de cama adecuada y supone un gasto superfluo.
¿Es mejor apagar la calefacción o dejarla baja si salgo de casa?
Si vas a salir pocas horas, es mejor bajar el termostato (a unos 15-16°C) para mantener la inercia térmica. Si vas a estar fuera muchas horas o días, es más eficiente apagarla totalmente.
¿Cuánto dinero ahorro bajando un grado la calefacción?
Se estima que por cada grado que bajas en el termostato, puedes ahorrar entre un 7% y un 10% en la parte de consumo de tu factura de energía.



