La carrera por las mejores luces navideñas en plena crisis energética

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El encendido de las luces de Navidad se ha convertido en un verdadero acontecimiento, marcando el inicio de las fiestas y congregando a miles de personas en las calles. De hecho, en los últimos años, la inversión en alumbrado navideño por parte de los ayuntamientos ha aumentado considerablemente con el propósito de transformar las ciudades en un gran atractivo para residentes y turistas y favorecer todavía más la economía local. 

Sin embargo, en mitad de una crisis energética como la que llevamos varios años viviendo, se abre el siguiente debate: ¿Es ético gastar millones de euros en luces navideñas mientras se insta a la población a reducir el consumo de energía?

La competición y el efecto Vigo: Un caso de estudio en España

El aumento del consumo energético durante la Navidad es innegable. Aunque no existen cifras concretas sobre el impacto específico de la iluminación navideña, la tendencia es clara: cada año se instalan más luces, a menudo en una competencia por ser la ciudad más deslumbrante.

El ya conocido como «efecto Vigo» representa muy bien este fenómeno:

El alcalde de Vigo, Abel Caballero, ha liderado en los últimos años un aumento en la iluminación navideña buscando competir con ciudades como Nueva York, Londres, Berlín y París. Fruto de este esfuerzo, Vigo se ha convertido en uno de los destinos turísticos más atractivos durante la Navidad. 

Lo curioso aquí es que este éxito también ha desencadenado una competencia en toda España por ostentar las luces más espectaculares. Sin ir más lejos, este año la disputa se ha centrado en ver quién tiene el árbol navideño más grande. 

Hace ya unos meses que el alcalde de Badalona anunció que sería la ciudad con el árbol más alto de España. Y no, no hablamos de un árbol real. Estamos hablando de una figura compuesta por más de 65.000 luces LED, 40 metros de largo y que ha supuesto un coste de unos 250.000 euros. Sin embargo, ha sido adelantado por la derecha por ciudades como Granada, con su árbol de 57 metros de alto, Vigo, con uno de 44 metros y Cartes, con uno de 45 metros. 

Otro ejemplo es la capital, Madrid, donde en total se han invertido más de 4 millones de euros.

¿Qué mensaje se está dando a la sociedad? 

Además del gasto en sí, que en ciudades como Vigo y Madrid hablamos de varios millones, el verdadero dilema radica en el mensaje que se transmite a la sociedad. 

Mientras se busca concienciar sobre la necesidad de reducir el consumo energético, resulta contradictorio ver cómo las administraciones públicas van en dirección opuesta. 

¿Entonces cuál es la solución? ¿Debemos prescindir de las luces de navidad? 

Quizá la solución sea adoptar medidas de ahorro sin perder de vista que la iluminación navideña representa una gran ayuda para el sector comercial.

El año pasado, algunas ciudades ya abordaron esta problemática optando por iluminación totalmente LED o reduciendo el horario de encendido. Málaga, por ejemplo, tomó la decisión de reducir el tiempo de alumbrado en 2 horas diarias, logrando un ahorro de alrededor de 7.000€ y una disminución de 4 toneladas de CO2.

En cambio, ciudades como Valencia o Zaragoza optaron por no cambiar su estrategia con respecto a años anteriores, insistiendo en que el alumbrado navideño apenas representa un porcentaje ínfimo del consumo energético anual. 

 

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